Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

Hace 201 años, el 19 de enero de 1809, nació en Boston el escritor Edgar Allan Poe. Autor de poemas inolvidables como “El cuervo” y “Annabel Lee”, Poe publicó su primer libro (Tamerlane y otros poemas) a los 18 años y pronto destacó como crítico literario, periodista y poeta.   Sus cuentos de misterio y terror,”El gato negro”, “El corazón delator”, “El pozo y el péndulo”, “Hop-Frog”…, que todavía nos ponen los pelos de punta, se han convertido en clásicos y su influencia se deja notar en la obra de escritores como  Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Lovecraft…

Para recordar su cumpleaños hemos seleccionado algunos libros que recogen sus relatos más famosos adaptados a lectores de diferentes edades.

Escritor: Edgar Allan Poe
Ilustrador: Alberto Vázquez
Traductor: Paco Liván
Editorial: OQO Editora
Colección: Para lectores intrépidos
Edad: De 9 a 11 años
Ciudad: Pontevedra
Año: 2008
ISBN: 978-84-9871-036-6

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 Escritor: Edgar Allan Poe
Ilustrador: Carlos Pinto
Traductor: Carlos Olalla Linares, Jesús Fernández Diez
Editorial: Nivola
Colección: Violeta
Edad: De 9 a 11 años
Ciudad: Tres Cantos (Madrid)
Año: 2007
Nº pág.: 120
ISBN: 978-84-96566-61-3

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Escritor: Edgar Allan Poe, Xavier Besse
Ilustrador: Xavier Besse
Editorial: Edelvives
Colección: Novela gráfica
Edad: De 12 a 14 años
Ciudad: Zaragoza
Año: 2009
Nº pág.: 104
ISBN: 978-84-263-7181-2

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Escritor: Edgar Allan Poe
Ilustrador: Luis Scafati
Traductor: Elvio Gandolfo
Editorial: Libros del Zorro Rojo
Edad: De 12 a 14 años
 Ciudad: Barcelona/Valencia
Año: 2005
Nº pág.: 59
ISBN: 84-9795-142-5
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Escritor: Edgar Allan Poe
Ilustrador: Alberto Sastre
Traductor: Ana García
Editorial: Puerto Norte-Sur
Colección: El corazón delator
Edad: De 15 a 18 años
Ciudad: Madrid
Año: 2009
Nº pág.: 90
ISBN: 978-84-936501-1-7


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Aquí tenéis el poema “El cuervo”, leído por el actor americano James Earl Jones, acompañado por una traducción al español.

El Cuervo

Cierta vez que promediaba, triste noche, yo evocaba,
Fatigado, en viejos libros, las leyendas de otra edad.
Ya cejaba, dormitando: cuando allá, con toque blando,
con un roce incierto, débil, a mi puerta oí llamar.
-“A mi puerta un visitante – murmuré – siento llamar;
eso es todo y nada más”.

¡Ah, es fatal que lo remembre! Fue en un tétrico Diciembre;
rojo espectro enviaba al suelo cada brasa del hogar.
Yo, leyendo, combatía mi mortal melancolía
por la virgen clara y única que ya en vano he de nombrar;
la que se oye “Leonora” por los ángeles nombrar
¡Bah, por ellos, nada más!
Y al rumor, vago, afelpado, del purpúreo cortinado;
de fantásticos terrores sentí el alma rebosar.
Más, mi angustia reprimiendo, confortéme repitiendo:
-“Es sin duda un visitante quien, llamando, a mi cuarto busca entrar;
un tardío visitante que a mi cuarto busca entrar;
eso es todo y nada más”.

Vuelto en mi, no mas vacilo; y en voz alta, ya tranquilo:
-” Caballero- dije – o dama, mi retardo perdonad;
pero, de hecho, dormitaba, y a mi puerta se llamaba
con tan fino miramiento, noble y tímido a la par,
que aún dudaba si era un golpe”. Dije; abrí la puerta de par en par;
Sombras fuera y nada más.

Largo tiempo, ante la sombre, duda el ánima y se asombra,
y medita, y sueña entonces que jamás osó un mortal.
Todo calla, taciturno; toso abísmase, nocturno.
Puede allí quizás un nombre: Leonora, murmurar,
Y, en retorno, supo el eco: “Leonora” murmurar;
esto solo y nada más.

A mi cuarto volví luego. Más el alma todo en fuego;
Sentí un golpe, ya mas fuerte, batir claro el ventanal.
-“De seguro, de seguro – dije – hay algo, allí en lo oscuro,
que ha tocado a mi persiana. Y el enigma aclaré ya:
¡Corazón, quieto un instante! Y el enigma aclaré ya:
es el viento y nada más”.

Dejo francos los batientes -. Y batiendo alas crujientes,
entra un cuervo majestuoso de la sacra, antigua edad.
Ni aún de paso me saluda, ni detiénese, ni duda;
pero a un busto que en lo alto de mi puerta, fijo está,
sobre aquel busto de Palas que a mi puesto fijo está,
va y se posa, y nada más.

Frente al ave, calva y negra, mi triste ánimo se alegra,
sonreído ante su porte, su decoro y gravedad.
-“¡No eres – dije – algún menguado. Cuervo antiguo que has dejado
las riberas de la noche, fantasmal y señorial!
en plutónicas riberas, ¿Cual es tu nombre señorial?”
Dijo el Cuervo: -“Nunca más”.

Me admiró, por cierto, mucho, que así hablara el avechucho.
No era aguda la respuesta, ni el sentido muy cabal;
pero en fin, pensar el llano que jamás viviente humano
vió, por gracia, a bestia o pájaro, quieto allá en el cabezal
de su puerta, sobre un busto que adornara el cabezal,
con tal nombre: Nunca más.

Pero, inmóvil sobre el busto venerable, el Cuervo adusto
supo solo en esa frase, su alma oscura derramar.
Y no dijo más, en suma, ni movió una sola pluma.
Y yo, al fin: -“Cual muchos otros, tu también me dejarás.
Perdí amigos y esperanzas; tú también me dejarás”.
Dijo el Cuervo: -“Nunca más”.

Conturbado al oír esta cabalísima respuesta:
-“Aprendió- pensé – las sílabas que repite sin cesar,
de algún amo miserable que el desastre inexorable
persiguió ya tanto, tanto, que por trino funeral,
por reposos a sus ensueños, su estribillo funeral.
Era: -“Nunca, nunca más”.

Y, del Cuervo reverendo, mi tristeza aún sonriendo,
ante la puerta y busto y pájaro, rodé luego a mi sitial;
y al amor de terciopelo, fue enlazado mi desvelo
mil ficciones indagando que buscaba inmemorial,
aquel flaco, torpe, lúgubre, rancio y cuervo inmemorial,
Con su eterno: “Nunca más”.

Mucho ahora, esto inquiría: mudo ante él, porque sentía
que hasta lo íntimo del pecho me abrazaba su mirar;
esto y más fui meditando, reposándome en lo blando
del cojín violenta oscuro que ya nunca oprimirás,
el cojín – junto a mi lámpara – que ya nunca oprimirás,
oh Leonora: Nunca más.

Y ensoñé que en el ambiente columpiaban dulcemente,
emisarios invisibles, incensario, inmaterial.
Y exclamé: -“¡Triste alma mía: por sus ángeles te envía
el Señor, tregua- y nepente con que al fin olvidarás!
¡Bebe, oh bebe ese nepente, y a Leonora olvidarás!
Dijo el Cuervo: “Nunca más”.

-“¡Ya te enviará aquí el Maldito, ya, indomable aunque proscrito -,
oh profeta o ave o diablo – dije -, espíritu del mal
a este páramo embrujado y a este hogar de horror colmado
te empujará la tormenta: dime, oh, dime con verdad:
En Galaad, ¿existe bálsamo? ¡Dime! ¡Imploro la verdad!”
Dijo el Cuervo: “Nunca más”.

-“Por el cielo que miramos, por el Dios en que adoramos,
oh profeta, ave o demonio – dije -, espíritu del mal:
Di, si esta alma dolorida podrá nunca, en otra vida,
Abrazar a la áurea virgen que aquí en vano de nombrar;
¡La que se oye “Leonora” por los ángeles nombrar!”.
Dijo el Cuervo: “Nunca más”.

-“¡Partirás, pues has mentido, o ave o diablo! Clame erguido ,
“¡Ve a tu noche plutoniana! ¡Goza allá la Tempestad!
¡Ni una pluma aqui, sombría, me recuerde tu falsía!
¡Abandona ya este busto! ¡Deja en paz mi soledad!”.
Dijo el Cuervo: “Nunca más”.

Y aún el Cuervo, inmóvil, calla: quieto se halla, mudo se halla
en tu busto, oh Palas pálida que a mi puerta fija estás;
y en sus ojos, torvo abismo, sueña, sueña el Diablo mismo,
y mi lumbre arroja al suelo su ancha sombre pertinaz,
y mi alma, de esa sombre que allí tiembla pertinaz,
No ha de alzarse, ¡Nunca más!

 

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3 comentarios en “Edgar Allan Poe

  1. Irene Adler dijo:

    Recuerdo mi primera lectura de Poe (“Los crímenes de la calle Morgue”) con mucho cariño, por eso me ha entusiasmado esta entrada que seguro que motiva a otros jóvenes a acercarse a la magnífica obra de este autor. Además, si el género policial os engancha, podéis continuar con alguna de las historias de Conan Doyle protagonizadas por Sherlock Holmes, tan ‘de moda’ estos días gracias al cine.

  2. sara dijo:

    Me parece muy interesante que pongáis recomendaciones de Edgar Allan Poe y un poco de su biografía, ya que lo he estudiado y no viene mal poder recordarlo. No me acordaba del poema del cuervo pero realmente es magnífico.

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