Emulando a Quevedo

Si Quevedo hubiera vivido en el siglo XXI  se habría sorprendido con  esta descripción conceptista del imaginario Inquisidor Tortostada que nos llega desde 3º B y hace que hasta el dómine Cabra del Buscón  parezca un modelo de belleza y elegancia.

El inquisidor Tortostada.

Nada más verle, sentirás un puñetazo en los ojos. Es más feo que pegarle a un padre en la puerta de la Iglesia con un calcetín sudado, pero tiene unos dientes como perlas (escasos). Sus manos son Siberia y sus pies caben por el ojo de una aguja. Los pelos de su cabeza están más ausentes que la bondad y compasión en Adolf Hitler. Bebe más alcohol que Mario Vaquerizo, por lo que está constantemente ebrio. Es muy ladrón pues le robó el cuerpo a un elefante y lo cambió por el suyo. La ropa se la hace a medida, porque la talla XXL le va pequeña. Su higiene es pésima, sus axilas podrían matar a 50 vikingos. No se ha sonado la nariz nunca y los mocos que tiene colgando dice que le dan suerte. El médico dijo al nacer: “si no llora es un tumor”.

 Esteban Pérez Ramírez

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